
Salvemos los mares, usemos una red
Vacaciones en Zanzíbar impulsan un gran negocio verde en Europa
Durante una visita de tres semanas a Zanzíbar, una pareja alemana descubre su misión y comienza a convertir redes de pesca viejas en „pulseras“.
Para ahora, Madeleine von Hohenthal y Benjamin Wenke han vendido más de 100.000 de los accesorios verdes en línea. Junto con organizaciones socias internacionales, han recuperado más de 700 toneladas de redes desechadas en océanos de todo el mundo.
“Todo comenzó buceando por la maravillosa costa de Zanzíbar en 2015”, recuerda Benjamin Wenke, cuando lo conocí en Hamburgo, Alemania, donde se basa el negocio. “Descubrimos trozos de redes de pesca viejas, flotando en el agua, representando un gran peligro para el medio ambiente.”
Sin embargo, los pescadores de Zanzíbar se apresuraron a señalar que la mayoría de las redes no se arrojaron localmente, sino que provenían de grandes embarcaciones pesqueras, un “enorme problema global” como se dio cuenta la pareja visitante. “Volamos de regreso a Alemania con un trozo de red alrededor de la muñeca”, relata el hombre de 37 años, y “nos quedamos fantaseando con qué hacer con él”.
“En 2015 no se sabía mucho sobre el tema”, dice, y comenzó a investigar. Sus hallazgos: cada año, hasta un millón de toneladas de redes de pesca se pierden o se desechan en el mar. Pierden su propósito, pero no su función, y continúan pescando mientras flotan a la deriva por los océanos. Millones de animales marinos quedan atrapados en las llamadas “redes fantasma” y sufren una muerte cruel. Las redes también forman el 40 por ciento de la infame Gran Mancha de Basura del Pacífico, una de las cinco grandes giros de plástico en nuestros océanos.
„Es hora de poner fin a esto“, pensaron Benjamin y Madeleine, y —gracias a su experiencia profesional en marketing y diseño— comenzaron a experimentar con el upcycling de los residuos oceánicos para convertirlos en nuevos productos, como correas para perros, llaveros, anillos y bolsos. Todo se fabrica a mano en un taller de Hamburgo. Su producto estrella se convirtió en el llamado «bracenet» (acronimo de «bracelet» y «net»), del que ahora venden docenas de versiones en línea con certificado de origen, a un precio de 25$ por unidad.
¿La pareja, ya casados y orgullosos padres de su hijo de dos años Eden, ha regresado a la fuente de su idea de negocio, a Zanzíbar? “Aún no”, dicen, “pero planeamos hacerlo.”
Información y pedidos: bracenet.net
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